Semillas en el pecho
Para que esforzarse a éste mundo que solo le interesa el sufrimiento, para que dejar caer lagrimas de llanto si solo uno se consuela…
Mantenerse parado sin nadie importarle, encontrarse tirado para su satisfacción, porque ellos, solo ellos, están presentes…
Egoísmo se le podrá atribuir, esa sensación inexplicable de poder obtener lo del hermano, ese sentimiento destructor que permite al de al lado el traslado al malestar, que solo vive dentro de él y que lo desecha por sus ojos.
La vida nos da palabras, palabras que se transforman en conceptos, conceptos en valores, valores que se corrompen en zonas oscuras. Permiten que las almas se pierdan, se pierdan en el afán de ser alguien, en la niebla de ver algo, en el lodo del conocer…
Y así existimos, estancados por palabras, conceptos o valores que nos dejan sin ganas de seguir, derramados por manos que nacen de zonas oscuras y que continuarán enterrando semillas en el pecho de los demás.
Frio pudoroso
Para que esforzarse a éste mundo que solo le interesa el sufrimiento, para que dejar caer lagrimas de llanto si solo uno se consuela…
Mantenerse parado sin nadie importarle, encontrarse tirado para su satisfacción, porque ellos, solo ellos, están presentes…
Egoísmo se le podrá atribuir, esa sensación inexplicable de poder obtener lo del hermano, ese sentimiento destructor que permite al de al lado el traslado al malestar, que solo vive dentro de él y que lo desecha por sus ojos.
La vida nos da palabras, palabras que se transforman en conceptos, conceptos en valores, valores que se corrompen en zonas oscuras. Permiten que las almas se pierdan, se pierdan en el afán de ser alguien, en la niebla de ver algo, en el lodo del conocer…
Y así existimos, estancados por palabras, conceptos o valores que nos dejan sin ganas de seguir, derramados por manos que nacen de zonas oscuras y que continuarán enterrando semillas en el pecho de los demás.
Frio pudoroso
Frio que corre por mis venas, que va desde la punta de mis pies hasta el centro de mi corazón, como esos días de invierno que adentran como ganchos y que pinchan nuestra piel.
Frio que desmorona, que desconcierta nuestra mente y que nos deja sin hablar.
Manos congeladas y nariz helada, que nos nubla la conciencia sin permitirnos pensar.
Días grises tormentosos, que nos confunden como animales y no admiten que nuestra mente piense con la razón.
Frio pudoroso, que cuando desaparece se olvida como un amor de primavera, consiguiendo que nuestro corazón continúe latiendo con pasión.
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