Los dolores del alma no se curan con medicamentos
Un día de estos días, desde mi cubículo blanco, adentré en mí ser.
Por el camino de la luz miré al horizonte y pude notar, que en el mundo de en frente, reinaba la oscuridad.
A través de ella pude observar, una forma, una forma humana, que no era persona, era un sentimiento.
Se me ocurrió poder escuchar lo que pensaba, lo que expresaba, lo que sentía…
De repente comencé a oír un sonido, una lengua, una voz…
Cerré los ojos, me senté a su lado y dejé que hablara…
-La piel se te eriza y una lágrima se hunde sobre tu mejilla, se abren las compuertas y el agua aflora como un día de lluvia.
Ya no podes controlarte, es preferible dejarte dominar.
El rojo vivo y el latido constante de respiración que emerge de tu nariz, aumenta cada segundo.
Tus parpados se inflan y tus pupilas relampaguean. Tus cuerdas vocales desaparecen y solo percibís el suspiro que largas.
Tus ojos consumidos que emanan tristeza, culpable tristeza, que libera el agua de las compuertas.
No existe la cura, solo hay que esperar, la única manera, permanecer vegetal.
No hay nada que hacer, solo sentir, sentir las piernas sobre el pecho, cerrar los ojos y volar.
Necesito un medicamento a este inmenso dolor, que es inexplicable poderlo contar.
Si hay recetas que alargan un día de vida, porque no existe la cura de un segundo de paz.
Desearía poder algún día, soñar con la bondad, que el mundo es bello y que gobierna la felicidad. Porque en éste mundo mío, abatido, rige la maldad.
La única solución que me brindaron para volver a la normalidad, es mirar al otro lado y dejar de pensar.
Ponerse serio y no aflojar, que caiga trueno y agua y no razonar.
Mentira que eso resulta, es la gran mentira del mundo globalizado, que cree que mirando al costado se olvida las penas en un segundo.
Pero así estamos, en un mundo que son pocos los que conocen la felicidad, porque todos prefieren ignorar y no afrontar la realidad.
Escuché éste relato y volví a mí, miré mis manos y vi gris.
Gris de sucio, gris de maldad…
Gris sin vida, gris sin pensar…
Los dolores del alma son difíciles de soportar, pasan años y siguen sin curar.
Manos delicadas
Si el paraíso no existiera, no viviríamos por él.
Si el paraíso desapareciera, las personas también.
Si lo bello del paraíso, no se llamará paraíso, entonces, como lo denominaríamos.
Si las nombradas civilizaciones no robaran paraíso, “paraíso” tendría otro significado.
Le pondríamos apodo, le daríamos amor, cuidaríamos sus tallos y pelearíamos por traición.
Pero siempre descuidamos a paraíso y de nuevo el cielo se vuelve negro.
Manos delicadas explotan su nombre, paraíso no es más paraíso y solo dejan lo que alguna vez fue.
Un día de estos días, desde mi cubículo blanco, adentré en mí ser.
Por el camino de la luz miré al horizonte y pude notar, que en el mundo de en frente, reinaba la oscuridad.
A través de ella pude observar, una forma, una forma humana, que no era persona, era un sentimiento.
Se me ocurrió poder escuchar lo que pensaba, lo que expresaba, lo que sentía…
De repente comencé a oír un sonido, una lengua, una voz…
Cerré los ojos, me senté a su lado y dejé que hablara…
-La piel se te eriza y una lágrima se hunde sobre tu mejilla, se abren las compuertas y el agua aflora como un día de lluvia.
Ya no podes controlarte, es preferible dejarte dominar.
El rojo vivo y el latido constante de respiración que emerge de tu nariz, aumenta cada segundo.
Tus parpados se inflan y tus pupilas relampaguean. Tus cuerdas vocales desaparecen y solo percibís el suspiro que largas.
Tus ojos consumidos que emanan tristeza, culpable tristeza, que libera el agua de las compuertas.
No existe la cura, solo hay que esperar, la única manera, permanecer vegetal.
No hay nada que hacer, solo sentir, sentir las piernas sobre el pecho, cerrar los ojos y volar.
Necesito un medicamento a este inmenso dolor, que es inexplicable poderlo contar.
Si hay recetas que alargan un día de vida, porque no existe la cura de un segundo de paz.
Desearía poder algún día, soñar con la bondad, que el mundo es bello y que gobierna la felicidad. Porque en éste mundo mío, abatido, rige la maldad.
La única solución que me brindaron para volver a la normalidad, es mirar al otro lado y dejar de pensar.
Ponerse serio y no aflojar, que caiga trueno y agua y no razonar.
Mentira que eso resulta, es la gran mentira del mundo globalizado, que cree que mirando al costado se olvida las penas en un segundo.
Pero así estamos, en un mundo que son pocos los que conocen la felicidad, porque todos prefieren ignorar y no afrontar la realidad.
Escuché éste relato y volví a mí, miré mis manos y vi gris.
Gris de sucio, gris de maldad…
Gris sin vida, gris sin pensar…
Los dolores del alma son difíciles de soportar, pasan años y siguen sin curar.
Manos delicadas
Si el paraíso no existiera, no viviríamos por él.
Si el paraíso desapareciera, las personas también.
Si lo bello del paraíso, no se llamará paraíso, entonces, como lo denominaríamos.
Si las nombradas civilizaciones no robaran paraíso, “paraíso” tendría otro significado.
Le pondríamos apodo, le daríamos amor, cuidaríamos sus tallos y pelearíamos por traición.
Pero siempre descuidamos a paraíso y de nuevo el cielo se vuelve negro.
Manos delicadas explotan su nombre, paraíso no es más paraíso y solo dejan lo que alguna vez fue.
Hace dos veces que tengo, tu imagen en mi alma
ResponderEliminarDe aquí a hace un tiempo dos veces
que no encuentro la calma...